Torres del Paine es un destino único, no cabe duda. Ante la pregunta de por qué ir a Torres del Paine, aspirando a hacer "la O" completa, en este Enero, la respuesta obvia podría tener que ver con lo maravilloso del lugar, la increíble experiencia que significa vivir la naturaleza, el desafío de una aventura prometedora, que se trata de un imperdible, entre otras.
Les confieso que en mi caso la respuesta va por otro lado. Sí, el lugar es único y maravilloso y hacer un recorrido de este tipo es un gran desafío. Pero la razón de haber propuesto este viaje a mis hijos y a un amigo especial con sus hijos es otra.
Mi hijo menor es un gran muchacho que salió este año del colegio y que, por lo tanto, se enfrenta ahora al desafío de crecer bruscamente, de enfrentar su propio destino, de aceptar su obligación de construir su camino. Mi hijo mayor es otra persona muy especial, que está viviendo su propio proceso de libertad, emprendimiento y crecimiento personal, aceptando también su condición de adulto responsable de sí mismo, ahora encaminándose a construir su propio camino de adulto joven pleno y satisfecho de lo que es y de lo que puede hacer. Yo con mi inquietud por aventurarme a otros espacios de crecimiento y aprendizaje que complementen lo que soy, esforzándome por aceptar los desafíos de la ¿tercera? etapa de mi vida, buscando encontrar la sabiduría, el valor y los espacios disponibles para aportar a otros, con el temor natural al fracaso o a no hacer una diferencia. Mi hijo mayor es tercera vez que va a las Torres en trekking. Mi hijo menor y yo las conocemos desde lejos, como turistas motorizados.
Esta es más o menos la "Cordada Magni".
Mi amigo y sus hijos son del colegio de mi hijo menor. Sus hijos eran compañeros y amigos: tres muchachos muy comprometidos con sus propios desafíos en esta nueva etapa que comienzan. También nos acompaña otro compañero de mi hijo, él sin su papá. Somos 8 exploradores! 8 aventureros de nuestras propias capacidades. La invitación inicial la hice a varios, para una aventura padre-hijos para celebrar el inicio de esta nueva etapa. No hubo mucho entusiasmo. Muchos prefieren la playa, el descanso, el caribe, los viajes tradicionales o, simplemente, no hacer nada, a este tremendo esfuerzo de exploración y convivencia. Todo bien.
Entonces: ¿Por qué vamos a Torres del Paine? Respondo por mí.
Yo voy porque quiero ir con los que invité. Armé esta "cordada" con mis hijos e invité a otros a una experiencia de esfuerzo, convivencia, empuje y resistencia especial, que buscará valorar lo simple y lo magnífico de la naturaleza. Creo que para ellos será una oportunidad de encuentro consigo mismos, en comunión con una naturaleza potente, incontrolable, poderosa y, a la vez, acogedora.
Invité a mi hijo menor a enfrentarse a sus propias capacidades, para que pueda demostrarse a sí mismo que es capaz de un pequeña hazaña como esta, bastante singular y esforzada dado su típico estilo de vida sedentaria, cómoda y protegida. Para que reconozca el valor del esfuerzo y de la autogestión y viva la satisfacción de logros significativos, en premio al compromiso con sus propias metas y convicciones. Quiero darle la posibilidad a mi hijo menor de que crea en sí mismo y en las posibilidades que tiene en una vida y un camino que se le abre en plenitud.
Quiero también estar con mi hijo mayor, compartir con él esta maravillosa experiencia, darle la posibilidad de un "break", cargado de naturaleza, paz interior y desafíos exteriores más allá de lo cotidiano y material.
Finalmente para mí, quiero estar de verdad con mis hijos, profunda y trascendentemente. Quiero acumular esta experiencia en mi vida, acuñar luego sus recuerdos, sentir y permanecer en las emociones que viviremos. Por su puesto: quiero demostrarme que me la puedo, aunque físicamente no estoy preparado, enfrentaré las exigencias y veré como me las arreglo para cumplir completamente con este sueño.
Me encantará la convivencia con mi amigo y sus hijos y amigos de mi hijo. Me encantará conocer a otras personas, me fascinará la naturaleza poderosa e infinita que nos acogerá. Me desconectaré y me encontraré conmigo mismo, con mis debilidades y fortalezas, con mis miedos y esperanzas.
Será una experiencia memorable y trascendente. Pase lo que pase.
Qué maravilla. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo con mis hijos. Qué bueno que tus hijos (mis sobrinos) aceptaron tu invitación. Disfruta y espero impaciente tus relatos en este blog de lo vivido en tu aventura.
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