Llagamos! Luego de meses desde que surgió la idea de esta experiencia y aventura - bastante extrema para muchos de nosotros - .aquí estamos y no hay vuelta atrás.
Elegimos lo más exigente de estos parajes por lo bello ...y por lo exigente. Con mi amigo Cristian Alfero queríamos ponernos a prueba y dejar que nuestros hijos, que acaban de salir del colegio, se demostraran a sí mismos que podían enfrentar este desafío. Ahora ellos inician un camino de voluntad y mucha exigencia, para transformarse en adultos capaces de abordar las pruebas que les pondrá la vida.
Y partimos duro. De llegada a las 5:30 am a Punta Arenas directo a Torres. Armamos campamento y a la 1 pm nos encaminamos a la Base de las Torres. Sin pensarlo, sin darnos tregua. Arriba con todas nuestras ganas. 4 horas de subida, 4,5 de bajada. Durísimo para los que llegamos sin entrenamiento y para los que estábamos en estado físico precario...digamos. De vuelta ya casi de noche, agotados y muertos de frío, sin fogatas, a preparar algo de comer. Un poco caótico todo esto. Fue un día destructor de egos, para forjar las voluntades necesarias para lo que venía, para mi un esfuerzo de verdad muy, muy grande, pero con el regalo de ese lugar indescriptible, magnificente que son Las Torres. Ninguna foto lo describe.
La vuelta fue bastante dramática. Y a la llegada no había un buen hotel, una mujer que me hiciera cariño, una buena comida y una rica cama. Había un camping, sin luz, sin techo, baños precarios. Sin esperanza de ninguna comida en 9 días. Los dolores intensos de rodilla y de todo me confirmaron que no estaba preparado para esto. Sin duda la cosa iría empeorando. Con viento, frío, cansancio, dolores. La rodilla me preocupa. ¿Arrepentido?...un poco.
Por que estamos aquí? Entre otras motivaciones más profundas, precisamente por lo anterior, porque estamos acostumbrados a resolver nuestras necesidades de manera artificial, llenos de cosas, comodidades que nos restan voluntad y capacidad de sacrificio. Aquí nos enfrentamos a la naturaleza y a nosotros mismos, sin soluciones artificiales, sino con nuestras propias capacidades y energía, con nuestra imaginación y carácter. Nada más y nada menos.
Al día siguiente, con poco descanso, partimos al primer tramo de la famosa "O". Un largo camino con 20 kilos a cuestas (más del 25% de mi peso). 12 kms, algo más de 4 horas. Llegamos a Cerón inmensamente agotados, con serias dudas de si no deberíamos abortar, pero la naturaleza nuevamente nos regala un esplendoroso sol, un momento de descanso que nos hace olvidar el viento, la intensa lluvia, el agotamiento inmenso que acabamos de vivir. Le damos otra oportunidad a nuestras capacidades, a nuestra voluntad, a lo que queremos lograr.
De "Cerón" partimos a "Dickson" que sería uno de los tramos recordados como más "sufridos". Nuestros cuerpos aun no bien acostumbrados a este ritmo, a los 20 kilos en subidas y bajadas de 45 grados o mas en largos tramos, enfrentan ahora el duro rigor de la naturaleza. Todo un dia de trekking duro bajo lluvia permanente e intensa, con fuertes vientos. Llegamos a Dickson luego de 6,5 horas en 18 kms. Armar carpa y tratar de recuperar calor dentro de los sacos; la tentación era a quedarse ahi y recuperar con un buen sueño, pero había que preparar comida, afuera, al viento y a la lluvia, sin mayores facilidades en un camping muy precario. Pero pronto vuelve la voluntad y nos levantamos, salimos del calor del saco y la "protección" de la carpa a buscar una de las dos duchas "calientes" al aire libre, para recuperar el calor con esa gota de agua hirviendo con viento atravesado que se cuela por la "puerta" de la ducha, que en ese momento valoramos como un gran regalo.
Descubrimos que fuera del refugio pagado del lugar había un techo y ahí preparamos un exquisito tarro de porotos (el único que llevamos). Nos hicimos amigos del muchacho a cargo del refugio y nos dejó entrar, comernos la comida en el comedor y nos calentarnos con la riquísima estufa a leña. Finalmente compartimos un rato muy entretenido con mochileros de todo el mundo, gente llena de historias y experiencias, hasta bien tarde. Nuevamente un regalo que nos hace olvidar la dura experiencia del día. Encontramos luego de las dificultades espacios, momentos para reforzarnos y seguir adelante.
Decidimos desayunar en el refugio al día siguiente: un maravilloso desayuno con huevos, pan, jamón, queso. El mejor que he comido en mi vida. Muy bueno o fundamental para la moral del grupo, que en todo caso se toma todo con buen humor y mucho cuidado fraternal entre nosotros. Bromas, risas y respeto en todo.
El maravilloso desayuno precede una caminata de 4 y algo de horas por un sendero increíble entre árboles, ventisqueros, lagunas, hasta "Los Perros". Bellísimo, pero aun más precario lugar. Ya sabíamos que ahora no había vuelta atrás y que el famoso y temido "Paso John Gardner" se acercaba: el máximo desafío en esta avenura. Mejor no saber mucho de lo que viene, porque igual viene y hay que superarlo. En Los Perros seguimos haciendo amigos, conociendo historias, creciendo en experiencias. Alli no hay agua caliente y los baños son muy básicos, pero hay quincho para cocinar, pasar el frío y compartir. El cuerpo duele, pero esta más acostumbrado. Y también ya hemos ganado en organización y experiencia con nuestra carpa y cosas.
Al día siguiente el gran día. Enfrentamos el temido "Paso John Gardner". La subida parte a las 8 am. No hay vuelta atrás. Debemos subir casi 800 mts en pocos kms y esperar que no haya viento, lluvia o nieve que nos impida pasar. El clima nos acompañó, alguien "de arriba" fue benevolente con nosotros. Para mi esta subida fue un esfuerzo gigantesco, de verdad. Hice la subida en 3,5 hrs, algo más del standar de 3, acompañado y cuidado por mi hijo Pedro. Cada paso, cada piedra, cada pasada un desafio, con mucho cuidado de no lesionarme, de que algo de mi cuerpo no preparado fallara: una rodilla (que ya venían con lesiones), un músculo, una cadera que ya no respondiera, un tropiezo, cualquier cosa.
El apoyo de los guarda-parques lo encontré lejano, ambiguo. Como la infraestructura:del Parque, también muy precaria. Una vergüenza para un lugar tan emblemático a nivel internacional, pienso.
La llegada arriba otro maravilloso regalo: el gigantesco Glacial Grey desde Campos de Hielos Sur en toda su magnificencia, a unos 800 o 1000 mts más abajo. Foto con mis dos maravillosos hijos en esa cumbre. Qué más pedir?
Luego de un breve disfrute volvemos a la realidad: Hay que bajar. Si la subida fue dura, la bajada el doble: Se necesitan buenas piernas, buenas rodillas y un alto grado de coordinación y equilibrio. Todos puntos débiles a mis años y falta de capacidad innata en esto. Pero llegamos sanos y salvos a "El Paso", luego de superar cada piedra, cada uno de los cientos de escalones para gigantes, los pasos peligrosos al borde del precipicio de 800 mts, al menos.
Uno descubre aquí la realidad de la vida: cada paso es un nuevo desafío que se aborda inventando, cuidando, buscando la mejor solución, sin saber lo que viene después, sin necesidad de preocuparse por ese futuro inmediato o lejano sino por el presente, por lo que se nos presenta en cada instante, disfrutándolo, sintiendo la emoción de cada experiencia, pero siempre buscando avanzar lo mejor posible, para alcanzar la siguiente meta.
El tramo del día siguiente, hasta el camping Grey, debía ser "fácil", sobretodo después de lo más difícil que fue el Paso John Gardner, pero para mí no lo fue. Cada cual con sus capacidades, sus miedos, su limitaciones para enfrentar la vida y sus desafíos. En mi caso: Mi creciente vértigo o miedo a caer, por el precipicio.
La llegada al camping Grey nos tranquiliza luego de estas experiencias fuertes (para mí al menos). Ducha caliente, un buen whisky con hielo de glacial y una rica comida de campaña. Buen descanso preparándonos para nuestro último día hasta Paine Grande . Ya habíamos decidido no continuar hasta el inicio de la " O" en Camping Hostería Torres desde donde habíamos partido. Estábamos exhaustos, ya con muestras de debilidad en rodillas y otras "piezas" de nuestro cuerpo. No había necesidad de quedar maltratados y lesionados. Nuestras metas y desafíos más exigentes en este viaje estaban más que satisfechas. Mejor disfrutar plenamente de lo logrado tomando el Catamarán que nos llevaría a tomar el bus a Puerto Natales.
Este ultimo tramo pasa por el sector incendiado hace tres o cuatro años. Con sorpresa y gratitud veo muestras de recuperación. Incluso algunos árboles quemados brotan tímidamente. Nuevamente la naturaleza se sobrepone al desastre, aunque con dificultad.
Y finalmente aquí estamos de vuelta, luego de haber vivido una experiencia, una aventura de esas que quedan para siempre, llena de enseñanzas, emociones, agradecimiento infinito y mucho amor por mis hijos con quienes compartí esto, y con los demás compañeros de aventura, ahora más amigos que antes, cómplices de una pequeña locura de esas que nos hacen sentirnos más vivos y más conectados.
Para toda la vida y para todo lo de la vida.
Muy lindo relato, querido papá!
ResponderEliminarFeliz de que hayan podido vivir esta experiencia juntos :)
Que buena aventura Alejandro ! Un paseo inolvidable sin duda, incluso por ese costalazo. Y que notable convivencia en las dificultades y el disfrute con tus hijos y amigos. Inolvidable.
ResponderEliminarGracias por compartirlo.